Conmemoró la UJED el 165 aniversario de la fundación del Colegio Civil del Estado


La comunidad universitaria, encabezada por el rector Rubén Solís Ríos; acompañado del secretario general, Julio Gerardo Lozoya Vélez; del decano, Eduardo Campos Rodríguez; del secretario de Educación, Rubén Calderón Luján, así como las directoras de las instituciones hermanas, Juana Eugenia Martínez Amaro, de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado, e Isela Flores Montenegro, del Instituto Tecnológico de Durango, conmemoraron la creación del Colegio Civil, fundado el 15 de agosto de 1856, y antecedente de la hoy Universidad Juárez del Estado de Durango.


En una ceremonia especial, llevada a cabo en los pasillos del Edificio Central de la UJED, se conmemoró que hace 165 años, el 15 de agosto, se abrieron las puertas de la casa marcada con el número 700 poniente de la calle Negrete, y que fue el inicio de las actividades académicas del Colegio Civil del Estado, con dos escuelas, la preparatoria y la de Derecho.


Directores de Escuelas, Facultades e Institutos de los campus Durango y Gómez Palacio, así como funcionarios universitarios, líderes sindicales, representantes de la FEUD y presidentes de las sociedades de alumnos, se unieron a esta celebración que marca la identidad universitaria.


El discurso oficial corrió a cargo del maestro Rubén Vargas Quiñones, quien, recordando sus dotes de buen orador en sus años de juventud, regaló a la concurrencia un elocuente discurso dedicado “… a los universitarios de hoy, para que juntos, con el corazón y pensamiento universitario en la mano, rindamos merecido homenaje a quienes, con clara visión, nos legaron un enorme tesoro que se constituye con la ya larga historia de nuestra institución educativa.”


En sus palabras alusivas a los 165 años de fundación del Colegio Civil, Vargas Quiñones resaltó datos históricos, como que “… desde su origen, eminentemente religioso, fue tutelado por la congregación de Jesuitas asentados en Durango, pasando a la autoridad y conducción del Seminario Conciliar, hasta convertirse en el Colegio Civil del Estado y, posteriormente, en el año de 1856, con la separación de la Iglesia y el Estado, se constituye en el Instituto Civil y, al fallecimiento de Don Benito Juárez García y a propuesta de maestros y alumnos, en el año 1872 adoptó su nombre, convirtiéndose en el glorioso Instituto Juárez, el que, a cien años de su creación, por méritos propios y su prestigio académico reconocido nacionalmente se transformó en una institución de educación superior en el estado de Durango orgullosamente autónoma y pública; nuestra Máxima Casa de Estudios, nuestra Alma Mater”.


El maestro Rubén Vargas incitó a los presentes a “… demostrar gratitud siempre, como docentes con ética y vocación universitaria. Hoy, más que nunca, nuestra Alma Mater necesita de todos sus hijos para enfrentar los grandes retos que le plantea una sociedad cambiante y dividida, dañada por una pandemia mundial y sus graves consecuencias económicas y sociales; el espíritu universitario debe hablar por nuestra raza; el docente cumpliendo con sus deberes académicos de manera responsable y sin simulaciones; los directivos, como responsables de conducir el ejercicio administrativo y financiero, deben proteger y cuidar el manejo eficiente, honesto y transparente del patrimonio universitario; los investigadores, desarrollando sus posgrados académicos, poniéndolos al servicio de la sociedad, aportando toda su experiencia y capacidad en beneficio del estado”, pronunció.


“Y, por último, el más importante, el objetivo de nuestra función universitaria, los estudiantes, preparándose ampliamente para enfrentar un mundo difícil y con grandes desafíos. Es el momento de cerrar filas y de mostrar ante la sociedad que la Universidad sabe, puede y debe administrar con transparencia, honradez y ética los recursos que la sociedad contribuye para que exista la universidad pública, tal como lo han hecho maestros, estudiantes y voluntarios de nuestras Escuelas y Facultades en el proceso de vacunación reciente”.


Exhortó a los presentes a que “… aceptemos el reto de preparar a mujeres y hombres capaces de resistir la turbulencia académica que implica una crisis cultural y de identidad; evitemos una formación individualista donde el estudiante no sabe con certeza quién es, ni qué es, lo que lo deja expuesto a la corrupción y manipulación que provoca la carencia de valores y lo hace ajeno a su responsabilidad social”.


Y concluyó haciendo un llamado a todos los universitarios “… para conocer la historia de nuestra alma mater, para honrarla y seguir el ejemplo digno que nos legaron nuestros antecesores; recordar que la docencia, la investigación y la difusión de la cultura deben estar en vínculo permanente con la sociedad, de su mano siempre, señalándole el camino y jamás a espaldas de ella”.


Posteriormente, todos los universitarios presentes e invitados especiales se unieron en una sola voz, entonando el Himno a la Universidad.

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